Que interesante, conocernos fuera de nuestras comodidades diarias, fuera de todos nuestros lujos y fuera de todos nuestros privilegios.
¿Qué pasaría si se nos probara un solo día en el desierto?
¿Aceptarías?
Analicemos lo siguiente:
Los desiertos evocan tierras áridas y deshabitadas donde el fenómeno de la vida resulta muy complicado. “El desierto es una tierra de extremos”. Uno de ellos es el brusco cambio de temperaturas entre los días más calurosos y las noches frías. Aunque sobretodo son radicales en el sistema de lluvias: estas brillan por su ausencia. La sequedad es la característica principal de un desierto. Son lugares áridos, independientemente de que sean calurosos o fríos, de que estén dominados por montañas o planicies, por piedras o arena. Las plantas y animales que viven en los desiertos son muy numerosos. Sin embargo, tienen una característica común: tienen la habilidad de sobrevivir con poca agua. Esto significa que tienen una capacidad especial para encontrar y almacenar líquidos, y poseen mecanismos biológicos para evitar su pérdida o evaporación. Por ejemplo, analicemos el caso de los famosos Cactus…
Los cactus son conocidos por todos: plantas pobladas de espinas que acostumbramos asociar a la imagen del desierto. Se trata de organismos adaptados para sobrevivir en situaciones de extrema sequedad, y escasez de agua. Sus espinas son esenciales para protegerse contra los rayos del sol y para condensar la humedad con lo que las gotas que se forman caen en la tierra y es absorbida por las raíces. Estas plantas poseen características especiales que les permiten aprovechar y almacenar mejor el agua. La más conocida es la presencia de espinas, que son hojas adaptadas.
Jesús lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y fue llevado por el Espíritu al desierto por cuarenta días y fue tentado por el diablo. Él no comió nada en aquellos días, pasado los cuales tuvo hambre. Entonces el diablo le dijo que si era el Hijo de Dios, le dijera a una piedra que se convirtiera en pan. Jesús respondió: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios. Y le llevó el diablo a un alto del monte y le mostró todos los reinos de la tierra, diciéndole: “a ti te daré toda esta potestad y la gloria de ellos, porque a mí me ha sido entregada y a quien quiero la doy”. “Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos”. Jesús respondió: Vete de mí satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y a él solo servirás. Finalmente el diablo se apartó de Jesús, cuando lo tentó a que tirara de lo alto del pináculo del templo en Jerusalén y nuestro maestro le dijo: Dicho está: no tentarás al Señor tu Dios…
Queridos hermanos que importante la enseñanza que Cristo nos dejó al ser como un cactus en el desierto; a durar muchos días sin alimentarse ni saciarse de agua… que muestra de resistencia y valentía tuvo nuestro Salvador en tales condiciones de vida. Cada uno de nosotros tenemos un desierto, en el cual debemos de lidiar con muchas pruebas y adversidades pero lo más importante es aprender a resistir los ataques de nuestros enemigos quienes aprovechan atacarnos en los peores momentos porque saben lo vulnerables que podemos estar. No obstante, si llevamos en nuestro corazón la esencia del cactus y la valentía de Cristo en el desierto, podremos enfrentar situaciones que a muchos acabarían y si a esto le sumamos la veracidad del Espíritu Santo quien nos acompaña todos los días, podremos convertir nuestros temores en escudo protector de cualquier artimaña de satanás tenga en contra de nosotros.
No hay garantía de todo aquello que nos podamos topar cuando caminamos en nuestro propio desierto pero sí podemos estar completamente seguros que nuestro Espíritu, el cual, proviene de lo Alto siempre estará con nosotros para guiarnos y alimentarnos aún en valle de sombra y muerte. No permitamos que nuestra vida entre en la cueva del miedo y tribulación que nos brinda satanás; seamos valientes para hacer efectiva aún más la palabra de Dios, que indica que el diablo vendrá por un camino pero huirá por 7, si le resistimos. Dios les continúe bendiciendo.
Publicado por:Leonardo Mora
| El 19/sep/2011
Categoría: Devocionales
Has tenido ganas de ayudar a la gente, has luchado mucho tiempo para ver bien o en calidad de vida a quienes te rodean? Conozco de alguien que ha luchado mucho tiempo por satisfacer las necesidades de quienes él ama… Luchando incansablemente hasta agotar sus fuerzas por brindarles mejoras a la vida de otras personas… Sacrificando, mucha veces tiempo y sus propias pertenencias… Consulta: ¿Ha servido esto de algo? ¿Ha germinado fruto alguno el ayudar o querer bendecir a otros seres humanos con las propias fuerzas (sin concentimiento de Dios)… No lamentablemente no… Creo que Dios piensa muy diferente a este hombre; no estamos autorizados a bendecir a nadie sin que antes Dios no nos autorice a bendecir a alguien… Muchas personas han luchado sin descanso por alcanzar todo lo que tienen hasta el momento, mientras muchas otras personas no han tenido ni la molestia de quedarse sin dormir algún día para luchar por sus metas y sueños… Así las cosas, no pretendas ser redentor de nadie que Dios, no autorice a que lo seas, sino podrías morir crucificado y nadie ni siquiera te agradecería ni el intento ni las buenas intenciones que tuviste como ser humano ante esa persona. Sé muy cuidadoso a quienes deseas ayudar y como lo puedes hacer… Ten comunión en Cristo para que sea El quien tome control de los bienes que tienes y con quienes realmente los puedes compartir. Si no lo haces de esta manera, estarías desobedeciendo a tu Dios, ayudando a quienes El no desea ayudar hasta que ellos se ayuden solos y tengan presente que como la Biblia lo indica en las bienaventuranzas de Jesús tuvo en la tierra; cada persona antes de quien El las ayudase tenían que al menos sacrificar algo para obtener la gloria de Dios en sus manos… Queridos hermanos, la bendición es única para cada uno de nosotros… no entreguen las perlas a los cerdos, cuiden con salud mental todo aquello que Dios le ha dado y jamás vendan su bendición por un plato de lentejas. Dios les bendiga y les brinde la sabiduría de a quienes deben de ayudar y a quienes no deben, de acuerdo al propósito que El tiene para con nosotros… Que estén bien.
Publicado por:Leonardo Mora
| El 19/sep/2011
Categoría: Enmiendas
¿Cómo estar absolutamente seguro de que somos acreedores de la eternidad?
Estar en comunión con Dios, es sinónimo de ganar la eternidad en el cielo.
Analicemos los siguientes contextos:
1. Reconocer la obra expiatoria de Cristo.
2. Testimonio morador del Espíritu.
3. Palabra del Padre.
“No debemos discutir con el Diablo, solo defendernos con la Palabra”
Que importante esta frase para hacer valer los 3 puntos anteriores. Al reconocer la obra de Jesús en la tierra, dar testimonio de la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida y estudiar o escudriñar la Palabra de Dios, no nos permitirá el grave error de discutir o entrar en juego con satanás.
I Juan 5, 1 dice: Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dio; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él.
Vemos testimonio en cielo: El Padre, El Hijo y el Espíritu Santo; vemos testimonio en la tierra: Espíritu, Agua y Sangre.
I Juan 5, 4 dice: Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?
Así somos salvos por testimonio. I Juan 5,13 dice: Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y que para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.
“No es una salvación que se espera ni no que se conoce”
• El evangelio de Juan ———— cómo ser salvos?
• I Epístola de Juan—————–cómo saber que somos salvos?
En el evangelio de Juan, se muestran en unas 33 veces, las palabras saber y conocer; y unas 10 veces la palabra: testimonio, lo que hace verlo como el Evangelio de la Certeza.
“La sangre limpia el pecado y el agua habla de limpieza”
En Juan 19, 33-34 se menciona que los soldados al ver a Jesús ya muerto, no le quebrazón las piernas, pero uno de ellos, le abrió el costado con la lanza y al instante salió sangre y agua… Certeza en la obra expiatoria de Cristo… Queridos hermanos, no permitamos que nos vendan otra idea de cómo realmente se alcanza la eternidad. Jesús ya hizo todo por nosotros, no inventemos el agua tibia, la eternidad está a la distancia de simplemente seguir los mandamientos de Dios y cumplir con las promesas que Él tiene para con nosotros.
Publicado por:Leonardo Mora
| El 10/sep/2011
Categoría: Biblico